
... que no el menos importante.
Carol y Toni son mis suegris. Toni casi la palma este año, pero al final no ¡Bravo!.
Guatemala y El Perelló connection.
El lago de Amatitlan y el lago del Saler. Los pizotes y los llobarros. Los mangos y les taronches....
Aunque la combinación que a mi más me gusta, ya que hablamos de orígenes familiares, es "La Diplomacia" por una parte y "La Ginecología" por la otra, que combinadas en mi maromo me ponen contenta.
Así los vemos:
Allí donde se mezclan el mar y el lago.
No penséis que cuesta llegar ¡Qué va! Es un lugar accesible y fácil, como todo santuario que se precie.
Es un lugar sin dobleces: con un perro y un gato que una vez fue de carne y hueso y ahora ya solo es gato y pasea ligero. Hay una cocina, eso es seguro, y se dice que hay un señor con camisas increíbles que explorando, explorando, casi se pasa de orilla y tuvo que volver a golpe de luz hasta casa.
Se dice, también, que puedes dejar tus zapatos en la puerta y que siempre serás bienvenido, mientras traigas las manos limpias y conozcas el idioma de la casa.
Cuando llegamos mochila en ristre todo estaba lleno de mapaches, osos pardos, tecolotes, pizotes y patos accionando manivelas, escribiendo en libretas, recortando papeles de seda, preparando pasteles, leyendo, tejiendo, cocinando en un momento cosas que jamás creeríais, escuchando la radio, inventando juguetes, pescando desde alguna ventana. Haciendo y dejando hacer.
Si escuchas con detenimiento, después de dejar que la casa te alimente y justo en el momento en el que el sueño va a atraparte, descubrirás esa peculiar manera de reunirse junto al fuego (aunque ni siquiera haya fuego) a contar historias.
Cuenta la leyenda que comenzaron la casa recogiendo las pequeñas piedras que el mar depositaba en la orilla de la playa y que hábilmente supieron reconocer como joyas. De este modo, piedra a piedra, fueron construyendo esta casa donde el mar se mezcla con el lago y donde la selva se mezcla con el bosque.
Cuenta la leyenda que la casa es solo el comienzo de una obra mayor, destinada a que los pequeños mapaches, osos pardos, patos, zorritos y pizotes, sepan que construir una casa sobre el mar o en el espacio, en un parque de atracciones, entre hojas y gaviotas o hecha de imágenes, palabras y tinta, comienza por dejar caer a un lado (sin estridencias) todo lo que no sirve para nada.
Solo así podremos construir el suelo, las paredes y estancias del lugar desde el que queremos ser, estar y acompañarnos unos a otros.
Eso sí: con un pastel en el horno.


