viernes 27 de febrero de 2009
martes 30 de diciembre de 2008
jueves 23 de octubre de 2008
martes 7 de octubre de 2008
Festival de Graffiti: Mislatas Representan
miércoles 1 de octubre de 2008
Velo
Lo has venido construyendo, capa sobre capa sobre capa.
Lo hemos situado sobre tu cuerpo, hasta atravesarlo.
Tu cuerpo: antes incluso de que fueras capaz de nombrarlo o reconocerte en él ha sido hablado, ha sido visto.
Y aparece. Puesto en fila. Como algo necesario.
Y antes de tu cuerpo un pacto: lo dotaremos de ojos. Dos en tu cabeza, otro más sobre ella, guardando cierta distancia, la justa para atestiguar tus movimientos.
Y después de tu cuerpo este velo. Capa sobre capa sobre capa.
También incluiremos una voz para cubrirlo, recorriéndolo hasta su justo borde para abrirse paso desde ti, hasta que en algún momento caiga rodando fuera de tu cuerpo, de nuevo hasta nuestros pies.
Foto: Williermo Marmota
Lo hemos situado sobre tu cuerpo, hasta atravesarlo.
Tu cuerpo: antes incluso de que fueras capaz de nombrarlo o reconocerte en él ha sido hablado, ha sido visto.
Y aparece. Puesto en fila. Como algo necesario.
Y antes de tu cuerpo un pacto: lo dotaremos de ojos. Dos en tu cabeza, otro más sobre ella, guardando cierta distancia, la justa para atestiguar tus movimientos.
Y después de tu cuerpo este velo. Capa sobre capa sobre capa.
También incluiremos una voz para cubrirlo, recorriéndolo hasta su justo borde para abrirse paso desde ti, hasta que en algún momento caiga rodando fuera de tu cuerpo, de nuevo hasta nuestros pies.
Foto: Williermo Marmota
jueves 18 de septiembre de 2008
Noche de negociación
Noche en el bajo acompañando a El Deih y El Willi: viéndoles currar sólo puede decirse esto.
sábado 13 de septiembre de 2008
Cubo
Trabajan en este matadero.
No es muy difícil adivinar que no se trata de un trabajo, digámoslo así, agradable, pero llevan en él desde que han tenido uso de razón. Han nacido, crecido y vivido cada día de su vida insertos en él.
No poseen mayores referencias que puedan darles la medida de la ventaja o desventaja de continuar respirando en un entorno así.
El matadero es su mundo.
Se conocen, pues, toda una vida y recuerdan esa vida realizando una misma acción, frente a frente, despedazando reses, ovejas, cerdos, pollos, algún caballo.
Por supuesto las tareas de desmembramiento llegan a alcanzar un nivel de automatismo que resulta increíble ante nuestros ojos, por lo que llegado un momento en sus vidas los cuerpos que avanzan por la lenta cinta transportadora llegan a ser manipulados sin apenas ser vistos.
Ocupan la mayor parte de su tiempo en mirarse los unos a los otros. No hablan mucho. Tampoco es que haya mucho que contar.
Se tocan poco, no hay tiempo: las manos enfundadas en guantes de cota de malla, machete arriba y abajo.
Días atrás la cinta transportadora acercó lo que parecía un animal. Sus rasgos recordaban vagamente varios de los animales muertos que desfilan ante ellos a diario.
Una extraña amalgama.
El animal en cuestión tenía un vientre excesivamente abultado, varios pezones hinchados como globos atravesando el vientre, enormes patas traseras rematadas con pies y espolones de ave, todo cubierto por un vello fino y rizado.
Aquel día se limitaron a encogerse de hombros y procedieron a desmembrar el cuerpo, contagiándose en cadena de una serie de movimientos torpes, incluso con alguna gota de sudor recorriendo sus frentes.
Al abrir el vientre del extraño animal se agolparon, observando curiosos como entre el borboteo de vísceras hasta el exterior se deslizaba algo parecido a un bebé humano.
Tras un breve intercambio de miradas, sin mediar palabra, arrojaron el contenido del vientre del extraño animal a un cubo destinado al despojo.
El encargado de vaciar el cubo se acercó de inmediato, mirando hacia el techo, silbando entre dientes.
No es muy difícil adivinar que no se trata de un trabajo, digámoslo así, agradable, pero llevan en él desde que han tenido uso de razón. Han nacido, crecido y vivido cada día de su vida insertos en él.
No poseen mayores referencias que puedan darles la medida de la ventaja o desventaja de continuar respirando en un entorno así.
El matadero es su mundo.
Se conocen, pues, toda una vida y recuerdan esa vida realizando una misma acción, frente a frente, despedazando reses, ovejas, cerdos, pollos, algún caballo.
Por supuesto las tareas de desmembramiento llegan a alcanzar un nivel de automatismo que resulta increíble ante nuestros ojos, por lo que llegado un momento en sus vidas los cuerpos que avanzan por la lenta cinta transportadora llegan a ser manipulados sin apenas ser vistos.
Ocupan la mayor parte de su tiempo en mirarse los unos a los otros. No hablan mucho. Tampoco es que haya mucho que contar.
Se tocan poco, no hay tiempo: las manos enfundadas en guantes de cota de malla, machete arriba y abajo.
Días atrás la cinta transportadora acercó lo que parecía un animal. Sus rasgos recordaban vagamente varios de los animales muertos que desfilan ante ellos a diario.
Una extraña amalgama.
El animal en cuestión tenía un vientre excesivamente abultado, varios pezones hinchados como globos atravesando el vientre, enormes patas traseras rematadas con pies y espolones de ave, todo cubierto por un vello fino y rizado.
Aquel día se limitaron a encogerse de hombros y procedieron a desmembrar el cuerpo, contagiándose en cadena de una serie de movimientos torpes, incluso con alguna gota de sudor recorriendo sus frentes.
Al abrir el vientre del extraño animal se agolparon, observando curiosos como entre el borboteo de vísceras hasta el exterior se deslizaba algo parecido a un bebé humano.
Tras un breve intercambio de miradas, sin mediar palabra, arrojaron el contenido del vientre del extraño animal a un cubo destinado al despojo.
El encargado de vaciar el cubo se acercó de inmediato, mirando hacia el techo, silbando entre dientes.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



