martes, 3 de enero de 2012

Y el último de los regalos


... que no el menos importante.

Carol y Toni son mis suegris. Toni casi la palma este año, pero al final no ¡Bravo!.
Guatemala y El Perelló connection.
El lago de Amatitlan y el lago del Saler. Los pizotes y los llobarros. Los mangos y les taronches....
Aunque la combinación que a mi más me gusta, ya que hablamos de orígenes familiares, es "La Diplomacia" por una parte y "La Ginecología" por la otra, que combinadas en mi maromo me ponen contenta.

Así los vemos:

Allí donde se mezclan el mar y el lago.

No penséis que cuesta llegar ¡Qué va! Es un lugar accesible y fácil, como todo santuario que se precie.

Es un lugar sin dobleces: con un perro y un gato que una vez fue de carne y hueso y ahora ya solo es gato y pasea ligero. Hay una cocina, eso es seguro, y se dice que hay un señor con camisas increíbles que explorando, explorando, casi se pasa de orilla y tuvo que volver a golpe de luz hasta casa.

Se dice, también, que puedes dejar tus zapatos en la puerta y que siempre serás bienvenido, mientras traigas las manos limpias y conozcas el idioma de la casa.

Cuando llegamos mochila en ristre todo estaba lleno de mapaches, osos pardos, tecolotes, pizotes y patos accionando manivelas, escribiendo en libretas, recortando papeles de seda, preparando pasteles, leyendo, tejiendo, cocinando en un momento cosas que jamás creeríais, escuchando la radio, inventando juguetes, pescando desde alguna ventana. Haciendo y dejando hacer.

Si escuchas con detenimiento, después de dejar que la casa te alimente y justo en el momento en el que el sueño va a atraparte, descubrirás esa peculiar manera de reunirse junto al fuego (aunque ni siquiera haya fuego) a contar historias.

Cuenta la leyenda que comenzaron la casa recogiendo las pequeñas piedras que el mar depositaba en la orilla de la playa y que hábilmente supieron reconocer como joyas. De este modo, piedra a piedra, fueron construyendo esta casa donde el mar se mezcla con el lago y donde la selva se mezcla con el bosque.

Cuenta la leyenda que la casa es solo el comienzo de una obra mayor, destinada a que los pequeños mapaches, osos pardos, patos, zorritos y pizotes, sepan que construir una casa sobre el mar o en el espacio, en un parque de atracciones, entre hojas y gaviotas o hecha de imágenes, palabras y tinta, comienza por dejar caer a un lado (sin estridencias) todo lo que no sirve para nada.

Solo así podremos construir el suelo, las paredes y estancias del lugar desde el que queremos ser, estar y acompañarnos unos a otros.

Eso sí: con un pastel en el horno.

lunes, 2 de enero de 2012

Carlos Maiques... ese hombre


Mi cuñado Carlos (al que los Sábados afectuosamente llamo Cate Blanchett a ritmo del "Can't touch this" de Mc Hammer) es un ser que no necesita de presentaciones.
Mago de la tinta en general y los Pilot 0'4 en particular, es un poeta como la copa de un pino o dos pinos o tres pinos.
Será por pinos.

Conversar con él es un gustazo, porque siempre aprende uno cosas nuevas. Si buscas referencias sobre cualquier cosa: no lo dudes, él es tu hombre.
Gusta de jugar al despiste y es bastante performer de natural. Es un crack, o dos o tres.
Carlos ha creado cómics maravillosos. A mí, personalmente, su cómic "Gracias por su visita" me dejó con dos lagrimones... y no de pena precisamente, sino de pura belleza.
Ahora mismo acaba de publicar junto con Paco Sales "Al Nordeste de Arzew", una preciosidad en la que mete las acuarelas con una delicadeza exquisita.
Aquí podéis leer una entrevista en la que os cuenta cosas sobre lo que supone dibujar:
http://soyunperroblanco.wordpress.com/2010/07/16/carlos-maiques/

A carlos lo vemos como un satélite.
Los que ya lo conocéis, también.

Satélite Blanchett

Nos habían enviado de misión, todavía no sabemos muy bien para qué y tampoco podríamos decir dónde. Lo que está claro es que resultó divertido y también sorprendente.

No todos los días uno puede ver un satélite con chaleco y camisas.

Cuando abrimos la primera escotilla teníamos la percepción absoluta de que algo parecido a una esfinge aparecería ante nosotros y nos formularía una extraña pregunta que nos dejaría perplejos y dificultaría nuestro paso a la segunda escotilla… pero en lugar de eso, algo parecido a un portero automático nos pidió un cigarrillo y se dedicó a lanzar bolas de humo con distintas formas orgánicas.

Nebbia aplaudía entusiasmada mientras la luz roja del portero repetía :- … Tal vez… Quizás… ehmmmm…. Rizoma… Peta Gia Wilson… - y a su padre y a mí nos resbalaba una gota de sudor por un lado de la frente hacia abajo.

Esto solo era el principio.

Cuando se abrió la segunda escotilla se desplegó ante nosotros un universo 2D repleto de pequeños seres que nos saludaban al pasar, repentinos zooms que nos obligaban a agarrarnos muy fuerte para no caer y alteraciones del espacio tiempo en las que no sabíamos muy bien que estaba pasando, sobre todo por la insistencia de Kylie Minogue sonando de fondo.

Es curioso acercarse a un satélite que no orbita un punto fijo o de referencia que no sea algo que tenga que ver con un Pilot 0’4. Los científicos suelen llamarlo Singularidad y recorre el universo, con ciertos matices: el Océano de Solaris, el Monolito de 2001, la Habitación de la Zona… esas cosas que ya se han convertido en costumbre: el punto exacto donde se hace posible cualquier cosa y donde cualquier cosa se traduce en una extraña y centelleante vibración.

Según la Wikipedia (que tiene su origen en este satélite y su afición por las palabras) “Un cometa en una órbita parabólica o hiperbólica alrededor de una estrella central no tiene un lazo gravitatorio con la estrella y por tanto no se considera parte del sistema planetario de la estrella.”

Así, este satélite (también conocido como ”Tío I”) también orbita parábolas e hipérboles.

:- No… disculpa, yo soy normal.

:- … si, claro, claro.

domingo, 1 de enero de 2012

Nuestra Dubliner Family

Seguimos con los regalitos.
Elida es la hermana de Deih. Vive en Dublín con Eoghan (su maromo), Sam que es hijo de ambos y su fantabuloso perro Shanti.
Sam tiene cinco meses y lo hemos conocido físicamente estas fiestas.
Elida también es dibujante, como el resto de sus hermanos.
Su imaginario personal es desbordante, es comiquera a tope y tiene un trazo estupendo además de una particular querencia por esas chimeneas rojas y blancas que salpican el paisaje industrial dublinés.
Eoghan (pronúnciese Óun, aunque yo le llamo Juan, que es como más de cuñao) es muy rubio, muy diseñador y muy guiri, mucho. Se lo curra con el castellano y le queremos mucho porque es muy tranquilo y muy zen y muy auténtico.
Son los tres así como muy sacados de una peli de esas que te dejan buen rollito:


El mar de fondo

Era curioso ver cómo las chimeneas del paisaje se reproducían. Quiero decir, se reproducían, literalmente.

Cuando volvimos a visitarlas unos meses después, encontramos tres chimeneas rojas y blancas que nos devolvieron el saludo.

Nos quedamos plantados ahí delante, maravillados, buscando el ángulo perfecto con nuestra cámara. Creo que fue David quien comentó que las chimeneas se movían como el bambú, Nebbia lo corregiría pronto, en su idioma, comentando que el movimiento no era por el viento, sino que era un movimiento interior, una especie de danza con las hojas, las gaviotas, el sonido del mar.

:- ¿Oyes el ruido? – Preguntaba Nebbia en un idioma casi ininteligible mientras la pequeña chimenea contestaba lanzando bocanadas de vapor rítmicamente.

El paseo hasta el pie de las chimeneas, aunque largo, era perfecto.

Pudimos contar hasta tres mariposas de cuerda, un perro Shanti con su pequeño gong y una familia de pinceles chapoteando y acicalándose. También pequeñas plantitas cuyo nombre nos iba traduciendo Nebbia con las indicaciones de Sam (la pequeña chimenea), que crecían entre las piedras y el musgo y tenían bolitas de luz de diferentes tamaños.

Cuando llegamos a nuestro objetivo el perro-Shanti nos estaba esperando a un lado del camino, acompañado por un tejón que, después de que Shanti hiciese sonar su gong y nos indicase con su pata y un amable Arrrrfggguaugr que pasáramos-por-favor, nos colgó una guirnalda de flores, cables y monóculos y nos estampó un beso de abuela española.

Tres tazas de té nos esperaban en una mesita, con un mantel blanquísimo y porcelana exquisita, al pie de las chimeneas, gigantes, moviéndose lenta y continuamente mientras lanzaban vapor, recortándose contra el azul eléctrico del cielo, bailando con las hojas, con las gaviotas, con el mar de fondo.